Cruzigramas

No está haciendo nada
el nihilismo consume parte de todas sus rutinas diarias
(o a lo que denominó para sí como
nihilismo)
Rutinas incrédulas
Rutinas irrisorias y a ratos amables que le hacen pensar en lo que no está haciendo.
Hay veces en que las cosas se dan y para él se dan independientemente de lo que pretenda
porque no sabe pretender ni ver más allá de mañana. Aunque no paresca, improvisa.
Y tiene un método extremadamente complejo para organizar sus "improvizaciones".
Cuando se teme a improvisar los pasos son más lentos y torpes.
Cuando se intenta controlar el ritmo de la respiración
Los suspiros
Los ojos se olvidan de hidratarse, y parpadean a destiempos
Arritmia cardíaca
Los brazos no se coordinan con los pies
El centro de gravedad del cuerpo se desplaza ligeramente hacia las rodillas
Los hombros se desalinean y tienden desplazarse hacia adelante y hacia abajo
Bueno, y que pasa cuando pasa un día y el siguiente
Y simplemente no es capaz de distinguirlos
Se enfrasca, en una masa de tiempo segmentado en pequeños acontecimientos
¿Hitos?
Conglomerado, en una masa de papel de biblia. Espera que exista un capítulo de algun libro sagrado que le explique qué es lo que pasa con áquel que leía libros sagrados como novelas policiacas. Cual es el castigo por tomarse la creación del universo como algo tan rutinario
¿Por qué NO crear un Universo? en vez de preguntarse por qué algo o alguien quisiera crearlo.
No creo que crear un Universo sea algo que tiene que ver con voluntades, es como preguntarse por qué cuando alguien habla por teléfono hace esos dibujitos eternos. Y peor. Tratar de interpretarlos. Si se puede crear un Universo se crea y listo. Y si se pudiese terminar igual.
Si se piensa que el Universo solo se creó porque sí no dan ganas de hacer nada más. Eso fue lo que pensó y siguió haciendo cruzigramas en la mesa de la cocina. ¿río africano?, ¿superficie? ¿saludo? , cadmio.
Vecinos Temibles

Siempre me ha dado miedo mi vecino. Tiene una rutina muy curiosa, unas doscientas mil capas de pintura de un mismo color desde hace 20 años sobre su reja, un vaso de whisky todos los ratos libres mientras pinta su reja junto a un cigarro permanente que fuma poco y con la misma cara impávida, su mujer, una señora flaca famélica de peinado alto de los años 60 con esos típicos lentes de gatúbela que hacen ver las caras histéricas y nerviosas. Los miro siempre, siempre me han dado miedo.
La casa se mantiene petrificada en el tiempo, tan igual desde hace 20 años que te condiciona a pensar que jamás te has movido de una posición, se siente tan fuerte ese anclaje que queda como un vado en el aire de todo el vecindario. Los vecinos, impávidos frente a ese suceso sólo deciden no hablar del tema, está mucho más allá de lo que son capaces de discernir. La presencia de los vecinos fantasmagórica no es algo que puede transformarse en la conversación cotidiana con el resto de los vecinos.
Claro que no, es un tema muy sutil, que sólo sale a colación en las conversaciones con otra gente, cuando todos hablan de sus anécdotas extrañas. En ese caso saco a los vecinos a relucir. El mito con todas sus piezas: el problema de las pelotas que caían en su patio, de las bicicletas que apoyábamos en su reja, de las granadas verdes que sacábamos para simular ensaladas para los monitos… todo eso y mucho más.
Ahora ya se ha entrado a su casa, de las cortinas blancas, medias grisáceas con el tiempo se trasluce una luz amarillenta de una lámpara de mesa de living. De esas que tienen una pantalla bien grande y que ocupan un buen espacio. De esas que yo ya no veo mucho en las casas. En las casas de mis abuelas hay.